Crónica:A menudo ocurre que decimos las cosas por decir. O las pensamos sin convencimiento de que realmente sean así. Nunca he sido de esas personas que dicen algo y en el fondo piensan otra cosa, pero sí que es verdad que a menudo aunque somos conscientes de las dificultades, nos mentalizamos de que nos costará superarlas pensando que quizás no lo lograremos. En el fondo pensamos que probablemente lo conseguiremos, pero guardamos una ligera incertidumbre que nos ayuda, por un lado a mantenernos vigilantes, y por otro a no desilusionarmos enormemente si fracasamos.
En 2009 afronté el recorrido Platino del Alpenbrevet sin demasiadas esperanzas. En primer lugar porque su consecución depende enormemente de causas externas como la meteorología (lluvia persistente o nieve echarían por tierra cualquier opción de éxito que tuviera) y otros factores que luego comentaré y en segundo lugar porque era necesario estar por debajo del exigente y maldito tiempo de corte de Airolo. Si no lo pasas, te desvían hacia el Recorrido Oro (que son solo 5.000m de desnivel, vaya...).
El recorrido Platino consta de un recorrido de 5 puertos (4 de categoría especial y uno de 1ª) con 276Km y con 7.030m de desnivel. Pero parece que no es lo suficientemente duro como para que además coloquen un corte en el Km.86 al que hay que llegar tras 4h30’ de recorrido.
Visto así parece razonable (le media es de solo 19Km/h!!), pero mirando en detalle se comprueba que el corte está 500m de desnivel por encima de la salida y tras los 2 primeros puertos que suman 2.810m de desnivel. Haciendo cuentas, para cumplirlo es necesario algo así como subir el Grimselpass a unos 840m de desnivel por hora (y eso que es un puerto irregular con tramos llanos) y el Nufenenpass a 880m/hora. Y después de un palizón así para pasar el corte, aun recorrer otros 190Km que acumulan 4.200m de desnivel.
Les envié un mail comentando que lo consideraba excesivo sabiendo lo que venía después y que nos obligaría a pegarnos un calentón en el primer tercio de la prueba. Su amable respuesta me indicaba que su exoeriencia había demostrado que los que lleguen al corte tras más de 4h30?, no acaban la prueba antes de 15h (que te hacen llegar a las 10 de la noche, nada menos...). La respuesta me desagradó por lo poco acertada, pero me acojonó un poco lo de que se me pudiera hiciera de noche intentando acabarlo si conseguía pasar el corte...
Estuve haciendo cálculos sobre cuanto tiempo tardaría en llegar a la zona de corte. Las primeras estimaciones me colocaron en casi 5h y forzando la máquina en 4h40’. Por último no me quedó más remedio que hacerme una estimación de tiempo por encima de mis posibilidades que cumpliera el tiempo de paso de Airolo. Tomé un total de 17 referencias para todo el recorrido y lo coloqué en la potencia de mi bici.
Entre otras cosas era consciente de que si quería tener una opción debería estar en la primerísima línea de salida cuando éste se produjera. Asimismo circunstancias como un pinchazo, un avituallamiento muy concurrido y mal organizado o una bajada con piso mojado o con niebla densa podrían retrasarme lo suficiente como para hacerme llevar retraso en mi planificiación de tiempos de paso y echar por tierra mi intención de acabar el recorrido Platino.
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La razón de mi presencia en el Alpenbrevet había comenzado un año antes, tras la Ötztaller Radmarathon en Agosto del 2008. Una prueba que veía como algo muy lejano mientras vivía en Austria, se quedó al alcance de la mano tras un año 2008 en el que hice multitud de recorridos de alta montaña en diversas zonas de Europa. La Ötztaller la terminé en una hora menos de lo previsto y con una solvencia a la que no estoy acostumbrado en este tipo de desafíos (5300m de desnivel para 248Km).
Así que el último peldaño que me faltaba por recorrer era el de la Ciclodeportiva de Montaña más dura de Europa: la Platino de la Alpenbrevet.
Además ya había concluido con éxito las ciclodeportivas de montaña más famosas de los paises con más tradición en este tipo de pruebas: la Quebrantahuesos en España (2000), la Maratona dles Dolomites en Italia (2004, 2005 y 2006), la Marmotte en Francia (1999), la Berchtesgadener Radmarathon en Alemania (2004 y 2005) y la citada Ötztaller en Austria (2008). Parecía claro que solo faltaba Suiza y su Alpenbrevet...
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Al final me apunté junto con Florian, que es el guía ideal para un viaje de estas circunstancias. No solo porque Suiza sea su pais, sino porque es muy fácil viajar con gente así: muy metódico, con las ideas claras y ordenado. En la bici o le dejas marchar o te machaca, pero por lo demás, es perfecto

El Martes aun daban una previsión excelente para el Sábado, pero a medida que se acercaba el día, la previsión empeoró de manera continuada. Una semana de climatología perfecta se iba a estropear de forma tormentosa nada menos que el viernes a media tarde y lejos de ser una tormenta, el frente había llegado para quedarse, así que se preveía lluvia y frío en abundancia. Las previsiones (que mirábamos ya 3 veces al día en los días previos) se confirmaron con toda su crudeza y ya desde media tarde del Viernes cayó una tormenta muy cerrada que se prolongó buena parte de la noche..
Los 2 estábamos de acuerdo en empezar la jornada muy pronto e intentar estar en la salida ya 20 minutos antes. Y lo conseguimos con creces, ya que cuando llegamos, no había más que un par de ciclistas. Llegando tan pronto, es normal que le entrevistaran a Florian en la salida antes del comienzo. El suelo estaba seco y poco después de la entrevista nos anunciaron que estaba prevista lluvia entre las 12h y las 16h. Yo estaba muy relajado en la subida. Había llegado hasta ahí y faltaba que las cosas se desarrollaran lo mejor posible, pese a que no pintaran nada bien.
A los 500m de la salida ya pierdo de vista a Florian. No paran de adelantarme decenas de ciclistas mientras voy a un ritmo marcado por las 150 pulsaciones e intentando contemporizar y no perder la cabeza, pese a lo difícil que se hace en los primeros km. Coronado la tachuela de Kirchet de solo 120m de desnivel, se baja a la base del 1er puerto. Es el Km.7 y miro con satisfacción que llevo 2 minutos de adelanto sobre el horario previsto. No está mal contar con un pequeño margen ya nada más empezar..
Casi las siguientes 2 horas consistieron en ir viendo como me adelantaban mientras subía el Grimselpass entre 148 y 156 pulsaciones. No lo había subido nunca, pero sabía que era muy irregular, con algunos tramos llanos y que tenía algunas rampas durillas. No miraba nada que no fueran las pulsaciones y la velocidad. Ni altitud, ni distancia. Me encontraba bien y no había más que seguir pedaleando por aquel paisaje extraordinario.
Coroné con 2h06’, lo que me colocaba 4 minutos por debajo de mi tiempo previsto. Esta referencia me animó mucho a seguir sin parar. Sabía que no tendría tiempo para el avituallamiento (que me habían comentado de ediciones anteriores que llegó a generar embotellamientos), así que atravesé la zona del puerto mientras me abrigaba y me congratulaba de que cielo no descargara pese a seguir encapotado.
Los primeros Km de descenso fueron realmente fugaces. Me estaba dando cuenta de que el adelanto se ampliaría de seguir la carretera en tan buen estado y con esa pendiente. En esa tesitura estaba cuando de repente y tras una curva a izquierdas se abre imponente la vista sobre Gletsch y el magnífico Furkapass cerrando el valle donde nace el Ródano. En mi opinión sin duda la vista más espectacular de la Alpenbrevet y una de las más espectaculares de los Alpes.
Llegados a Oberwald, al pie de la vertiente norte constato que en efecto mi adelanto sobre el horario ha alcanzado nada menos que ¡¡¡9’30”!!! Las piernas aun frescas y el citado adelanto me animan muchísimo a pensar que el reto es posible. Me separaban solo 4km del inicio del Nufenenpass y conseguí ponerme a rueda de un par de ciclistas para este exiguo tramo hasta Ulriichen. El inicio del puerto lo realizo alcanzando ya los 10 minutos de adelanto frente al horario previsto. Sin embargo el ritmo de subida de mi previsión era muy ambicioso y además se me estaba acabando el agua.
Lo que te permiten estas altitudes es que puedes captar agua en la carretera a una altitud entre 1.500 y 2.000 metros sin demasiada preocupación. Es demasiado bajo para que sea agua exclusiva de neveros en Agosto y demasiado alto para que haya vaquerías por encima, por lo que se convierte en una opción interesante que permite perder solo una veintena de segundos.
La vertiente norte del Nufenenpass la había bajado 10 años atrás. Su perfil es realmente claro con unos últimos 9Km constantes y regulares al 9%. Fue a falta de unos 3 o 4Km de la cima que empecé a flaquear. Las pulsaciones no se movían de entre 154 y 158 ppm, pero cada vez aumentaba el tiempo en que circulaba a 8Km/h, en lugar de rodar a los 9Km/h que me correspondían. Sabía que estaba perdiendo tiempo de mi ventaja y que sin embargo no había razón para perder la calma. Los cálculos dicen que un retardo de medio minuto por km de subida me permitiría aun mantener una buena ventaja.
Por si fuera poco, a falta de unos 3Km comienza la lluvia, la niebla y el frío.hacen acto de presencia, algo bastante normal siendo un puerto que se corona a 2.476 metros de altitud. La temperatura baja rápidamente de 15º a 9ºC y el suelo se empapa inevitablemente. En el último Km por fin me atrevo a mirar el tiempo que llevo y calculo que mantendré algo de adelanto. Me siento cansado (por primera vez) y pese a ver que tengo posiibilidades de alcanzar el corte, me empiezo a plantear por primera vez si no será una opción arriesgada viendo mi cansancio físico.
En la cima constato que mi ventaja ha quedado reducida a solo 6 minutos. El agotamiento y las ya 4 horas de marcha, me obligan a coger alimento líquido y sólido antes de bajar. Solo un minuto de parada bajo la lluvia (fina pero persistente) antes de iniciar el descenso en el cemento mojado.
La parte alta de la vertiente sur del Nufenenpass está completada a base de placas de cemento, que ofrecen aun menos confianza que el asfalto. Lo pude comprobar rápidamente en la primera herradura del descenso, una a derechas en la que casi me voy al carril contrario tras una frenada realmente deficiente por el agua. Además tras 2 intentos de ponerme la ropa en marcha, tuve que optar por parar unos segundos y ponerme todo lo que llevaba.... todo lo que llevaba, he dicho... ¡¡¡cómo puede ser que solo tengo un manguito!!!!!
Pues sí: en ese momento recordé que al inicio de la bajada un ciclista que venía detrás de mi me avisó de algo. Pues era eso. Uno de mis 2 manguitos de regalo de la Marcha de la Bonaigua 2008 había decidido apearse en el Km.64 de etapa.
Para cubrir los 3 primeros Km de descenso había necesitado nada menos que 6 minutos. Era consciente de que si el suelo mojado duraba mucho más, no podría cubrir los 23Km de descenso en los 30 minutos que estaban previstos más los 6 minutos de margen que traía, sobre todo porque en los últimos Km de descenso, éste se hacía más tendido.
Eran momentos de inquietud por comprobar si tras la siguiente curva la niebla abriría o si la lluvia desaparecería. Si el suelo estaría por fin seco o si había que seguir bajando mucho más tiempo con precaución aquellas herraduras... Por fortuna enseguida el suelo comenzó a mostrar las primeras huellas secas y en pocos minutos ya rodábamos por asfalto en perfecto estado. No soy un buen bajador, en absoluto, pero me adelantó uno al que adelanté porque se había parado un momento y que me iba trazando delante las curvas estupendamente. Le conseguí seguir en la parte final (los últimos 3Km los hicimos en 3’10”) para llegar por fin como un cohete al control de Airolo con un tiempo de 4h24’48”. Que cansancio pero que gran sentimiento. Me daría tiempo a parar de nuevo a coger más avituallamiento durante algo menos de un minuto antes de reanudar la marcha.
Solo 100m tras el avituallamiento hay una rampa de unos 300m donde se encuentra el famoso cruce de control. Le miro al hombre y decido girar a la derecha. Que sensación de escalofrío me entró. Aun quedaban nada menos que 190Km por delante.